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lunes, 20 de abril de 2026

LA CONDENA DE EXISTIR EN RÁFAGAS

 ...preparen, apunten.

¿Ya se la sabe?

—¡Píntela!

    Esta tragedia, donde las ideas vibran de una cuerda a otra, cual si fuere la uña acelerada de algún músico, que en la penumbra de aquel pequeño, oscuro y patético bar del Centro Histórico, rasga frenéticamente su guitarra, para exprimirle a la noche un trago.  Resonancia, que deshila el tejido de la música poética del alma. 

De una frágil copa de cristal que recogió el jugo de las uvas que en racimos se fragmentaron haciéndose burbujas amargas, destilan estos párrafos que riegan la semilla con el malacostumbrado lamento melódico y confesional que tiene la poesia. Donde al resbalarme por el interior de la garganta, mojara mis cuerdas vocales para ablandar el lamento de mi canto hasta que cae al suelo deslizándose gentilmente de mi mano.

Un llanto trágico que estalla en prosa. Casi un grito en rima.

¿Y acaso algun poema al ser cantado se fractura en las pequeñas corcheas que también se harán desdicha?

¿Sueno trágico al anunciar que me fragmento en rimas?

¿Ó el despedazar poético de mis versos pueden ser un infortunio si no tienen consonancia?

Si al recoger los cachos afilados de este acristalado tormento, me atreviera a juntarlos con las llemas desnudas de mis dedos, me hiriera. Con la herida misma, cantara estas letras que una a una como gotas de sangre destilaran en la pantalla.

¡Guitarrista! Insulta el uno.
—Cantor, le devuelve el insulto, el otro.
Poeta, grita el público mientras llora  y lamenta toda una fúnebre comedia.

Como si la condena al desgarramiento de la palabra se supiera insuficiente y no bastara.

¿Es acaso trágico disolverme tras la soledad de un verso?

Talvez lo sea.

Talvez, la tragedia consista en esa imposibilidad de reunir lo disperso y volverlo a hacer quien era.

En la condena de fragmentarme para existir. ¡Sí! Romperme. Hacerme pedazos chiquitos. Porque descompartimentalizarse es perder la unidad del ser.  Y sin embargo, esta esquizofrenia de ser pizcas, es mi única forma de existir. De ser uno. Uno. Yo. El ser que soy. Que fui y seré.

Ser, el recuerdo de un beso en las nalgas de la amada ántes de irse a trabajar. Una bofetada que despierte en la oscuridad de la nada. Un papá que no está, pero que influencia. El guardián que cuida desde la ausencia que no deja que se apague esa llama. El eco del «padre, me has abandonado».

Es inútil intentar someter el pensamiento, a la rigurosa disciplina de la escritura. La emoción se me rebela. Se desborda. Protesta. Me escupe en la cara. Me mira con odio, con desdén, con recelo. Se niega a ser encadenado.

Neruda, pudo escribir sus versos más tristes, afiebrado,  un sábado por la noche. Pero los mios, no llegaron ni al Jueves de Antonio. Nueve Antiojos. Porque apenas he dormido, si las cuento todas, trece horas en esta semana.

La vigilia, se vuelve un frío infierno para algunos, sobre todo para quienes despiertan rutinariamente con las campanadas de una jaqueca cual resaca de mediodia. 

No por el cansancio, si no por la sospecha de haberme extraviado en esa nada que no ocurre, cuando está pasando todo.

Una eterna consciencia que no cesa.

El insomnio es la creatura de la angustia, que se me hizo carne. El vacío que me dice que aquí no pasa nada.

La imposibilidad de reposar dulcemente entre el aroma de los pechos desnudos del mundo en guerra.

La certeza de que el ser, está siempre arrojado a echarse a la intemperie del olvido. Como cuadrúpedo animal que se desdeña.

¡Argh! Las heridas de mi alma se rebalsan y me queman.

Y mi química cerebral me engaña: me susurra polifónicamente, que nada ocurre. Una voz. Dos voces. Tres. Se repite, se repite. No pasa nada. Nada.

¡Nada! Estalla un silencio vacio. Un enmudecido pitido subsónico y una larga pausa en la oscuridad.

Larga, pausa.

Pero, de pronto, vuelve el sonido con fuerza. La luz regresa y me deja caído de bruces. La existencia se revela en su exceso. En la poca claridad que destella entre las ramas, intento dejar pasar, lo que siento, en estas ráfagas de letras.

Aunque sé, que la palabra me es apenas un intento fallido de apresar lo inasible.

Lo inmarcesible.

Un intento fallido de pintar, con un carmesí marchito en un ocre lienzo derruido sin marco.

Donde tampoco encuentro, el trazo, la paleta o el gesto.

¿Dónde habré guardado mi pincel? Porque la forma se me escapa, la fluidez se niega a escurrir.

No para pintar el lienzo, sino para untar el pegamento, con el que uniré estos pedazos.

Músico, cantor, poeta, carpintero, pájaro de mal agüero, loco. Esquizofrénico. Neurodiverso. Culto. Izquierdista. Rico. Algunos dicen que soy un peligroso fantasma. Otras aseguran hasta que me han amado. Un carismático cae mal. Un elocuente gran mudo.

Impopular.

Infame.

Pintor sin lienzo.

Poeta sin libro.

Músico sin guitarra.

Guerrillero sin metralleta.

¿Qué otro nombre le daré a la esperanza de que el caos pueda ser transfigurado en sentido?

Puesto en línea por: GVLIELMVS PANTHERÆ a la/s 4:20 0 comentarios  

Etiquetas: INSOMNIA, INSPIRACIÓN, NEUROTRANSMISORES, NORADRENALINA, PINCEL, RELATO, TRAGEDIA

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